Palacio Municipal

El edificio de la Municipalidad de Capital es una construcción de estilo moderno y monumentalista, y fue una de las últimas obras de la etapa de reconstrucción de la ciudad después del terremoto de 1944.

El llamado Palacio Municipal, que el terremoto de 1944 destruyó, había sido inaugurado sólo dos años antes del sismo. Estaba ubicado casi en el mismo lugar que el edificio municipal actual. Su principal característica era una torre con cúpula, que se elevaba sobre la intersección de las dos alas, de dos plantas, dispuestas a 90 grados sobre calles Aberastain y Mitre. El terremoto lo dañó seriamente y, aunque algunas oficinas siguieron funcionando allí por un tiempo, luego fue demolido.
 
Municipalidad Capital pre terremoto
 
Cuando iniciaba la década del ‘70 tres jóvenes arquitectos amigos deciden postularse en un concurso nacional de proyectos para la sede municipal de la capital  sanjuanina. Se trataba de los arquitectos Walter Correa, Domingo Miranda y Enrique Sconamillo.
Presentan así, una idea concebida desde sus propias esencias locales que diera respuesta a una necesaria renovación con explícitos postulados del Movimiento  Moderno.
El edificio fue en su momento imaginado como remate de un eje cívico monumental para la ciudad, una llamada de atención al observador como parte de la nueva  imagen pública de una época de reconstrucción, y que aún hoy hace presente al edificio en el espacio urbano y el imaginario colectivo.
 
Concebido en 1970, fue levantado entre 1971 y 1976 y diseñado como una manifestación del lenguaje neobrutalista. El edificio mantiene un equilibrio armonioso entre plástica, eficiencia constructiva, honestidad estructural y economía de recursos. La fuerza expresiva de sus componentes a través del hormigón armado de su estructura y los parasoles, denota una preocupación proyectual que responde a características particulares del suelo sanjuanino, el sismo y la aridez.
 
Sus geometrías angulares mantienen una apariencia áspera, donde el valor simbólico institucional se concreta a partir de su espacio público (plaza seca), que se abre a la ciudad en una asociación establecida como el “ágora” en la que se realiza la convocatoria de los ciudadanos. Su planta libre, tabiques desmontables y el cielorraso flotante posibilitan una flexibilidad y adaptabilidad de diversas transformaciones lógicas del uso y apropiación de los espacios.
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